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mafaldaporsiempre

en mi mundo

allí III

allí III

Los recuerdos de mi madre son confusos, pero llegan a mi memoria imágenes suyas de cuando era pequeña, no habría pasado los cinco años. Era bellísima, recordaba que me encantaba haberme parecido a ella. Su pelo era negro y ondeaba en el viento su textura ondulada, a pesar de que yo me parecía bastante a mi padre, pasaba con ella todo el tiempo que podía, me enseñaba a realizar las labores, y luego, cuando creían que ya habíamos terminado, me contaba historias alucinantes. Historias que jamás habría pensado que fueran verdad. Hasta que se fue. Cuando se marchó, se llevó la inocencia que ella misma había construido en mí. No deje de ser una niña, pero la alegría que había en mí, se la llevó consigo adónde quisiera que se fuera.

                -Cariño, me voy –me dijo con voz llena de ternura mientras me acariciaba la mejilla con suavidad.

                -¿A dónde vas, mamá? –pregunté, divertida por la idea de un nuevo juego, pero la tristeza de sus ojos me devolvió al suelo, a la realidad.

                -No puedes venir conmigo, cielo –una lágrima la atravesó el rostro  y calló sobre la palma de mi mano abierta -. Búscame, ¿me lo prometes?

                -Sí, mamá –respondí mientras mis ojos vidriosos y envidiosos derramaban gotas de lamento.

                -Te quiero mucho, no lo olvides nunca. Ya me he despedido de tu hermano y de tu padre. No saben adónde voy, pero te aseguro que es mejor así. No podría perdonarme si os pasara algo. No olvides jamás las historias que te he contado.

Me beso en la mejilla con suavidad y se alejó. Recuerdo que tendría unos seis años, y que me quedé llorando.

Mi padre necesitaba mi ayuda, y si no era mi ayuda, era mi cariño. Así que intenté apartar todos los recuerdos, porque cuando se es tan pequeña, una no puede olvidar lo que más quería en este mundo.

allí

allí

Abrí los ojos. Todo era caos y ruido a mi alrededor. Me fui incorporando lentamente. En mi mente había tantas cosas que no fui capaz de ordenarlo todo. ¿Dónde estaba? ¿Acaso todo no había sido un sueño? ¿De verdad me encontraba allí, en un barco lleno de delincuentes apestosos y a punto de hundirse? Las imágenes llegaron en tropel a mi mente. Imágenes de angustia y otras de paz, una vida fácil, en sentido figurado, ya que nunca me había sentido propiamente dueña de mi vida. Imágenes de mi infancia, de mucho tiempo atrás, cuando empezó todo este lío, cuando apenas tenía siete años.

allí II

allí II

                -¡Vamos Elizabeth despierta! –un mugriento y sucio niño me despertó. Sí, era mi hermano. Nuestro padre acababa de morir, y yo estaba bajo el mando de un niño de ocho años que su mayor afán en la vida era protegerme, de cosas, que ni él mismo sabía que existían.

Tenía las piernas agarrotadas y me dolía la espalda por haber dormido en el piso de madera de una taberna.

Mi hermano había planeado nuestro viaje de Europa al nuevo mundo. Un viaje largo y peligroso que cambiaría nuestros destinos y separaría nuestros caminos.

 Mi pobre vestido, en su día blanco, me servía de camisón, y mi enredada melena me daba un aspecto de callejera. Y la verdad que lo era. Mi padre era tabernero, y nosotros vivíamos con él y le ayudábamos en lo que podíamos, hasta que contrajo una horrible enfermedad que habían traído las ratas y otros animales. Siguió trabajando todas las noches, yo veía su piel pálida y el sudor que cubría su rostro, un día no aguantó más y se desplomó. Mi hermano John y yo corrimos a asistirle, él, con los ojos en blanco, se metió la mano en el bolsillo, le entregó a John una bolsita y a mí un colgante. “Os quiero…”, fueron sus últimas palabras. Abracé a John con lágrimas en los ojos. Creo que a partir de ese momento, John se convirtió en un hombre de ocho años, cuya responsabilidad era una molesta niña de siete.

Durante las semanas que estuvimos huérfanos, vivimos cómo pudimos. La taberna de papá fue vendida, pero nosotros vimos una mínima parte del dinero, lo suficiente para que John preparara nuestro viaje a una nueva vida, en busca de nuestra madre.